Electromovilidad: Oportunidad y desafíos para el sector energía

Electromovilidad: Oportunidad y desafíos para el sector energía
01 de Junio de 2018
Escrito por:
Juan Salinas, Gerente Comercial de Fenix
Fuente: Revista Energiminas

El compromiso adoptado por el Perú en el Acuerdo de París, el de reducción de gases de efecto invernadero, conllevará a que el sector transporte, uno de los sectores con la mayor tasa de emisiones de CO2, no esté ajeno a la transformación de su modelo de negocio al tener que incorporar tecnología de movilidad eléctrica para lograr el objetivo trazado. Esto significará una oportunidad para el sector energía, que deberá absorber este crecimiento de la demanda eléctrica; sin embargo, también implicará algunos desafíos técnico-operacionales.

Hablar hoy en el Perú de los efectos de la electromovilidad, denominación que se le da a la movilidad de transporte con vehículos eléctricos, parece demasiado lejana y quizás de poca importancia, especialmente por la escasa inserción de este tipo de vehículos en el país y por las proyecciones que todavía no se ven tan claras para los próximos años. Sin embargo, el mercado internacional de automóviles tiene una gran apuesta en el desarrollo masivo de esta tecnología, lo que irá incrementando de a poco el uso de este tipo de vehículos en el Perú. Hablar de los efectos de la electromovilidad en el sector energía, especialmente en el crecimiento de la demanda y en la operación de los sistemas eléctricos como el SEIN, resulta aún más ajeno, incluso para los especialistas del sector.

Fomento a la movilidad eléctrica

La inserción de autos eléctricos en el país, tanto de vehículos privados como de transporte público, se dará sí o sí: ya sea por la reducción de costos que representa para la industria automotriz frente a sus competidores en diésel, gasolina o gas; por sus bondades ecológicas y sostenibles; o quizás -y más importante aún- por las acciones que el Estado viene impulsando en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a partir de la firma del Acuerdo de París de 2015 en el que se comprometió a una reducción de un 30% en la intensidad de sus emisiones de GEI al año 2030.

En efecto, las tecnologías de movilidad eléctrica se proyectan como una de las alternativas que más impacto positivo generará en la solución a los problemas de emisiones, debido a su gran potencial para reducir la dependencia de hidrocarburos y las emisiones de contaminantes.

El 18 de abril del presente, el presidente de la república Martín Vizcarra promulgó la Ley Marco sobre el Cambio Climático N°30754, la cual tiene por objeto generar medidas de adaptación y mitigación del cambio climático, a fin de reducir la vulnerabilidad del país, aprovechar las oportunidades del crecimiento bajo en carbono y cumplir con los compromisos internacionales asumidos por el Estado ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Como parte de las soluciones, el gobierno peruano se encuentra estudiando el cambio del transporte vehicular convencional hacia el de movilidad eléctrica, asunto que en la actualidad se encuentra a cargo del Ministerio de Energía y Minas y que se traducirá en el futuro en medidas y beneficios que permitan fomentar dicha transformación.

Asumamos que el contexto descrito líneas arriba es un hecho y analicemos, a continuación, los potenciales efectos que se registrarán tanto en el sector energía como en la operación de los sistemas eléctricos.

Mayor crecimiento de la demanda eléctrica

Según el informe del Osinergmin “La industria de la energía renovable en el Perú: 10 años de contribuciones a la mitigación del cambio climático” de marzo 2017, el sector transporte es el responsable del 41.7% de las emisiones totales de CO2 a nivel país, las cuales siguen en aumento. De igual manera, señala que el transporte representa un 40% del total de la energía que se consume a nivel país. Hoy este sector, con excepción del metropolitano de Lima, no forma parte de la demanda del sector eléctrico de Perú; pero en el futuro será un potencial demandante.

Las proyecciones de largo plazo acerca del crecimiento de la demanda eléctrica, por lo general, no incorporan la transferencia de demanda desde el sector trasporte al eléctrico, con lo cual, se estiman crecimientos menores al que se presentará en la realidad. Es decir, hoy nos quedamos con una mirada sesgada acerca de si el parque de generación futuro, en conjunto con las instalaciones de transmisión y especialmente de distribución, son necesarias y suficientes para satisfacer el total de demanda eléctrica.

Estimación de consumo de energía de automóviles eléctricos

Los vehículos eléctricos, al menos los particulares, tienen un consumo de batería de unos 18 kWh/100km, el rendimiento del proceso de carga de baterías es de 90%, por lo que el requerimiento de energía eléctrica es de 20 kWh/100km. Si consideramos que un automóvil tiene un recorrido anual de unos 15,000 km/año, el consumo promedio de energía anual de un auto será de 3 MWh. El efecto en el crecimiento de la demanda dependerá de la cantidad de vehículos que se incorporen al mercado. Asumamos ahora un parque automotor al 2030 de 500,000 vehículos eléctricos, con lo cual se requeriría una energía anual de 1.5 TWh año; y si se le agrega el sistema de transporte público con crecimiento de la red de metro, se podrá alcanzar una nueva demanda de 3.0 TWh, equivalente a la demanda de un mega proyecto minero de 500 MW. Sin duda, un escenario bastante atractivo para el sector energía.

Efectos en la operación de los sistemas eléctricos

En principio, si las recargas de baterías se efectúan a lo largo de las 24 horas del día no provocará mayor problema operacional. Dicho proceso tiene en la actualidad unas 3 modalidades de carga: carga lenta, proceso que dura entre 6 a 7 horas para recargar el 100% de la capacidad de la batería; carga acelerada que demora entre 1-2 horas y logra el 80-90% de la recarga; y carga rápida que en sólo 30 minutos carga el 80%.

De acuerdo con lo anterior, si la recarga de baterías se efectúa en la noche bajo la modalidad de carga lenta, provocará que la demanda de madrugada resulte más alta de lo que estamos acostumbrados y será manejable. Sin embargo, si la recarga se da bajo la modalidad de carga acelerada y rápida, el incremento en la demanda en dichos horarios resultará muy alta. Esto implica la necesidad de contar con un sistema eléctrico muy flexible que sea capaz de soportar altas tasas de subida y de reducción de carga.

Algunos especialistas visualizan que para evitar este tipo de problemas en la operación de un sistema eléctrico se deberá implementar cargadores y electrolinieras (grifos para recarga de baterías) inteligentes que sean capaces de comunicarse entre sí, de manera tal que permitan coordinar el proceso de carga de múltiples vehículos.

De igual forma que con la incorporación masiva de tecnología RER en los sistemas eléctricos, se requerirá contar con un mercado desarrollado de servicios complementarios.

A preparar el escenario para un impulso de cambio en el sector vehicular y energético que no se detendrá. Al menos queda tiempo para resolverlo adecuadamente.

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